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Salud

Hipoxia: en qué consiste y cómo se trata esta enfermedad

La hipoxia es una dolencia caracterizada por el descenso de la cantidad de oxígeno suministrada por la sangre a los distintos órganos del cuerpo. Dicho padecimiento guarda relación directa con la hipoxemia, que consiste en la disminución de la cantidad de oxígeno que transporta la sangre a través de los glóbulos rojos.

Es necesaria la oxigenación de los órganos y los tejidos del cuerpo humano, ya que garantiza el funcionamiento correcto de este. De modo que la falta de oxígeno hace que las células que conforman los órganos empiecen a sufrir daños, por lo cual la hipoxia se convierte en un problema que ha de tratarse cuanto antes, recurriendo a los instrumentos adecuados, como la mascarilla con reservorio.

Una enfermedad muy grave para el ser humano

Se trata de una condición especialmente peligrosa para los seres humanos, en la medida en que ciertos órganos son bastante más sensibles a la falta de oxígeno. Tal es el caso del cerebro, en cuyo caso, la falta de oxigenación podría causar daños irreversibles con consecuencias nefastas para la vida de la persona. El aporte de oxígeno se debe restablecer a la mayor  brevedad.

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¿Qué causas podrían provocar la hipoxia?

Entre las causas que pueden originar la hipoxia están los ataques de asma, la epilepsia, el ahorcamiento o ahogamiento, las sobredosis de droga, las pérdidas de sangre, la electrocución o un infarto. El médico debe reestablecer inmediatamente el flujo de oxígeno, para así evitar daños en los órganos del paciente. Debe cuidar especialmente de evitar el daño neurológico.

¿Cuál es el tratamiento de la hipoxia?

En caso de sufrir hipoxia aguda, el principal tratamiento será establecer una vía respiratoria de manera inmediata, con cantidad de oxígeno suficiente para saturar la sangre y apoyar el sistema cardiovascular. Tras esto, se trata la causa subyacente, y una vez restablecido el buen funcionamiento del sistema respiratorio y cardiovascular, el paciente pasará a la primera fase de su recuperación.

Según avanza la recuperación, empiezan a aparecer distintas secuelas neurológicas, a causa de la falta de oxígeno. Cuando ocurre esto, es necesario que al paciente se mantenga en un entorno seguro, y a poder ser aislado, teniendo en cuenta que estará en estado de agitación y especialmente confuso, pudiendo dañarse a sí mismo sin ser consciente de lo que está haciendo.

El único factor que condiciona la recuperación es la gravedad de la lesión

Hay que tener en cuenta que la recuperación del paciente va a depender tan solo de lo grave que haya sido la lesión que haya padecido. El tratamiento se centra especialmente en su estabilización, y en participar del proceso de rehabilitación, que puede tardar incluso años. No obstante, es fundamental para garantizar más probabilidades de éxito en la recuperación.

Es igualmente primordial entender que la recuperación varía mucho en cada persona, dependiendo sobre todo, como se dijo antes, de la gravedad de la lesión. La rehabilitación busca que el paciente se recupere cuanto antes, y continúe viviendo en un ambiente menos restrictivo.

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