Canales por streaming
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La nueva forma de ver televisión: los canales por streaming

La televisión lleva siendo un elemento central en lo que a entretenimiento familiar se refiere desde hace casi medio siglo. Sin embargo, lo que este medio de comunicación nos ofrece y la forma en la que nos relacionamos con él ha ido cambiando de manera notable a lo largo del tiempo.

Ha pasado de ser medio de comunicación unidireccional, predeterminado y poco variado a ser uno pluridireccional, personalizado y extremadamente diverso. Hace relativamente poco, la oferta televisiva se restringía a no más que uno o dos canales (en la mayoría de los casos contralados por agencias estatales), que ofrecían una programación predeterminada, repetitiva y en horarios fijos. En las primeras etapas del desarrollo de este medio, incluso, llegada una determinada hora, la emisión terminaba y no podía seguir viéndose ningún contenido, cosa que ahora resultaría impensable.

A medida que fueron pasando los años, se fue ampliando la oferta televisiva, el número de canales a disposición de los usuarios y la diversidad de los contenidos que se ofrecían. Fueron apareciendo nuevas alternativas a la televisión pública tradicional como la televisión por satélite, en la que se ofrecía una variedad extensa de canales con contenidos muy diversos. Estos nuevos productos paliaron en cierta medida los problemas de unidireccionalidad y de diversidad del contenido televisivo, pero se ofrecían a un coste no apto para todos los bolsillos y requerían una instalación, un servicio de atención al cliente o de mantenimiento para los casos de mal funcionamiento y, en algunos casos, la contratación de servicios adicionales que dieran cobertura al sistema. Además, seguían contando con los inconvenientes de que su programación, aunque más variada, seguía distribuyéndose de forma predeterminada y en horarios específicos a los que el televidente tenía que adaptarse (a no ser que contratara servicios específicos que ofrecían contenido concreto por el que se tenía que pagar un coste añadido, ej. servicios de taquilla).

La televisión por internet ha terminado con esos problemas. Su principal virtud, si hubiera que señalar una, probablemente sería la flexibilidad que ofrece al usuario, que cuenta ahora con la posibilidad de ver su contenido favorito en el momento que quiera, cuantas veces quiera, y al ritmo que más le convenga. Su contenido es además muy variado, de fuentes dispares, y su diversidad aumenta cada día a medida que nuevos productores, creadores y plataformas se suben al carro de este nuevo sistema ofreciendo contenidos propios.

Los intentos de establecer una televisión por internet aparecieron en el horizonte a finales de la década de los 90, pero la precariedad de la tecnología (por ejemplo, el considerable ancho de banda que se requería para poder ofrecer señal de video) no permitía aún la generalización del servicio. Sin embargo, la aparición de plataformas como Youtube, que por primera vez hicieron vislumbrar una nueva manera de consumir contenido audiovisual, renovaron el interés por esta vía. Las continuas mejoras tecnológicas, la expansión del ADSL y la aparición, más tarde, de la fibra óptica, terminaron de abrir el camino a esta reciente posibilidad: la del consumo televisivo por streaming.

Sin embargo, podría decirse que ha sido la reciente aparición de plataformas como Netflix o HBO —empresas de entretenimiento cuyo servicio principal es la distribución de contenidos audiovisuales a través de una plataforma en línea o servicio de VOD por streaming— la que ha cambiado definitivamente el paradigma televisivo. Estos nuevos servicios sin duda han moldeado la manera en que la gente ve la televisión. El público es ahora quien decide lo que ve, cuándo lo ve y cómo lo ve, con todas las implicaciones que ello conlleva. Si el usuario es algo hábil, puede utilizar el geoposicionamiento IP para acceder a plataformas como Netflix mediante una VPN y acceder a contenidos disponibles solo en otros países.

El contenido es mucho más “a la carta”, lo cual se traduce también en un nuevo modelo para la industria tanto de la televisión como del cine, que, con estas nuevas plataformas, cuentan con información mucho más precisa del tipo de contenido que consumen los diferentes segmentos de población y tiene la posibilidad de producir y ofrecer un contenido afín a esos gustos. Esto puede hacer surgir argumentos tanto a favor y en contra de este nuevo sistema, ya que, aunque es cierto que el acceso a ese tipo de información puede hacer que el contenido que se produzca sea más del gusto de los consumidores, también es posible que ponga en jaque la creatividad y la capacidad artística de creadores de contenido, los guionistas y los directores, que pueden pasar a estar supeditados en sus obras a los designios de las masas.

Sea como sea, lo cierto es que la televisión por streaming es una tendencia que parece imparable. Más de la mitad de los españoles están suscritos a alguna plataforma de streaming en sus hogares, siendo las plataformas de películas y series las preferidas por los consumidores. Y los números no dejan de aumentar, sobre todo a medida de las grandes compañías telefónicas y de internet comienzan a ofrecer paquetes conjuntos con conglomerados de entretenimiento en los que este tipo de plataformas son las abanderadas. Netflix, HBO, Rakuten TV, Sky, Apple TV, Amazon, Disney +… Estas son solo algunas de las plataformas más populares actualmente, algunas con apenas unos pocos años de vida, cada una con una base de contenidos amplia y con pequeñas diferencias relacionadas con el tipo de público al que se dirigen. ¡Y no dejan de aparecer nuevas!

Aún cabe cuestionarse quién o qué parámetros están detrás de las decisiones sobre el contenido que se pone a disposición de los usuarios, porque si están plataformas van a ser las que establezcan la oferta de entretenimiento y los contenidos informativos, no está demás plantearse qué ofrecen y por qué lo ofrecen. Sin embargo, si la variedad es un valor, parece que entramos en una época valiosa para el entretenimiento.

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