Aprendiendo en tiempos del Coronavirus
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Seguir aprendiendo en tiempos del Coronavirus

El COVID-19 ha supuesto un reto para padres, profesores, pero también para los propios niños y jóvenes. Existe la necesidad de una educación de calidad, de contenidos atractivos y de habituarse a plataformas de educación en línea. ¿Cómo y dónde hacerlo?

Que no haya escuela no significa directamente que se deje de aprender. Todos los días durante la pandemia del COVID-19 han demostrado la necesidad de actividades de formación, en todos los niveles, y para todos los grupos sociales.

Por ello, nunca está de más revisar los consejos que se plantean para no sólo sortear los riesgos de coronavirus, sino también para que el tiempo de confinamiento pueda ser útil para el aprendizaje.

Principalmente, para seguir cumpliendo con los deberes educativos

Aprender el material formativo de rigor, ese que se da en las escuelas y del que se sigue exigiendo a los estudiantes, desde luego, por ahí se debe empezar.

Y aunque padres, profesores y estudiantes cuenten con cierto material, siempre es necesario contar con sitios web como https://estudianteo.com, donde encontrarán contenidos dedicados a la cultura general pero sobre todo a los estudiantes, destacando el orden por categorías como Ciencias, Historia, Lengua o Matemáticas, de modo que puedan seguir cumpliendo con los deberes y cultivar, de una vez, el aprendizaje a través de contenidos frescos y de fácil asimilación.

Fomentar la lectura

Por estos días, la lectura se ha convertido en un excelente pasatiempo. Pero el pasatiempo cuando es recurrente se convierte en hábito, y la lectura es uno de los mejores hábitos que se puede delegar en los jóvenes, de tal manera que sea una de las mejores formas de seguir aprendiendo en tiempos del Coronavirus.

Fomentar la lectura

La lectura no debe sentirse como una imposición. Debe ser un acto natural, placentero, y en principio, compartido. Sobre todo si no existen hábitos formados.

Para que eso suceda, se deben priorizar las temáticas y los títulos que los hijos quieran leer. Partir desde esa base, utilizando a la lectura como una herramienta para:

  • Desarrollar el pensamiento crítico y el análisis. Los libros incluyen historias, datos, tramas y consejos que pueden ser válidos, reales y explícitos, mientras que otros requieren de un análisis clínico por parte del lector, para dar con la verdad y con el sentido. Todo libro deja una enseñanza y es la mejor manera para desarrollar el análisis en jóvenes.
  • Adquirir vocabulario y sentido de la creatividad: sin importar de qué título se trate, los libros manejan un vocabulario que pretende explicar realmente lo que piensa el autor. Muchas veces, se necesitará utilizar un diccionario para desentrañar el sentido de las frases. A partir de esto, puede desarrollar actividades para los más jóvenes, como buscar el significado de las palabras que no sepa y luego crear frases con ellas, de tal manera que la lectura sea también una forma de estudiar.

Aprender a través del arte o del juego

El confinamiento se ha transformado en mucho tiempo libre. Un tiempo libre que puede ser utilizado para actividades de carácter lúdico y artístico, aunque se puede colocar un trasfondo educativo a esto.

Muchos juegos de mesa están diseñados para fomentar el aprendizaje de ciencias, de tecnología, de matemáticas o de cualquier otra rama de estudios. Utilizarlos como herramienta didáctica es una buena decisión.

De igual manera sucede con la música. Puede colocarse como una actividad lúdica, para pasar el rato de forma activa, pero en el fondo se pueden transmitir conocimientos artísticos, de teoría musical o de ejecución de instrumentos, si tienes uno en casa.

El Coronavirus ha supuesto un reto para los métodos de enseñanza tradicionales. También para la forma en la que los padres y estudiantes abordaban las diversas situaciones académicas. Por ello, aprovechar todas estas técnicas puede ser no sólo una excelente decisión, sino también una oportunidad para descubrir hábitos que no se conocían, habilidades que no se tenían desarrolladas y, en el caso de los jóvenes, talentos e intereses que sólo necesitaban un pequeño estímulo para florecer.

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